El está calvo, descalzo, vestido con una camisilla y unos pantalones apretados, muy cortos para él, sus manos se lo indican, una y otra vez, y sus pies, sintiéndose el uno al otro y frotándose con ahínco las piernas adelante, arriba y atrás. A su vaga vestimenta de prisionero ninguno de sus memorias respondía, hasta entonces, pero todas son de peso, en su conexión, de pesadez y de grosor. La gran cabeza donde él retiene es pura burla, él está afuera de nuevo, él volverá de nuevo. Algún día él se verá a sí mismo, su frente completa, del pecho hacia abajo, y los brazos, y finalmente las manos, primero estiradas en toda la extensión de los brazos, luego dobladas, temblando, ante sus ojos. Se detiene, por primera vez desde que sabe que está en marcha, un pie detrás del otro, lo más alto en el tacón, y lo más bajo en sus dedos, y espera por una decisión. Luego se pone en marcha. A pesar de la oscuridad continua su camino, brazos extendidos, manos abiertas y los pies se detuvieron justo antes del piso. Con el resultado, el tendría muy a menudo, nominalmente a cada turno, golpea las paredes que rodeaban su camino, contra su mano derecha cuando volteaba a la izquierda, la mano izquierda cuando volteaba a la derecha, ahora con su pie, ahora con la corona de su cabeza, porque él se sostiene inclinado, porque él se levanta, pues él siempre se sostiene inclinado, el es jorobado, su cabeza empujada hacia adelante, sus ojos deprimidos. Él pierde su sangre, pero no en gran cantidad, las pequeñas heridas tienen tiempo para sanarse antes de abrirse de nuevo, su ritmo es muy lento. Hay lugares en donde las paredes casi se encuentran, luego son los hombros los que tienen el choque. Pero en vez de parar en seco, e incluso de regresar, diciéndose a sí mismo, Este es el final del camino, nada en estos momentos, solo regresar a la terminal y empezar de nuevo, en vez de eso él ataca las pasillos estrechos y finalmente se escabulle, al gran dolor de su pecho y espalda. Sus ojos, luego de tan larga exposición a la oscuridad, empezarán a romper con la oscuridad? No, y ésta es una de las razones por las cuales los cierra cada vez más, más y más a menudo y por períodos más largos. Porque su preocupación se está incrementando para esparcirse la fatiga innecesaria, tal como esa que se presenta ante él, e incluso al rededor de él, hora tras hora, día tras día, y nunca ver nada. Éste no es el tiempo para pensar en sus errores, pero tal vez él estaba en el error de no persistir, en sus esfuerzos de penetrar la oscuridad. Pues pudo bien haber triunfado, al final, hasta un punto alto, lo que hubiera brillado más cosas para él, nada como un rayo de luz, de vez en cuando, para que le iluminen las cosas a uno. Y todo aún tal vez iluminar, en cualquier momento, primero tenuemente y luego- cómo puedo decir? Luego más y más, hasta que todo está lleno de luz, el camino, el piso, las paredes, la cúpula, sin necesidad de tener una pizca de sabio. La luna puede aparecer, enmarcada al final de la vista, y él en un estado de no regocijo y acelerando su paso, rodando y corriendo, mientras que aún hay tiempo. Por el momento sin embargo no hay quejas, lo que es primordial. Las piernas notablemente parecen en buen estado, gracias a Dios, Murphy tiene piernas de primera. La cabeza aún está un poco débil, la necesita para continuar de nuevo, esa parte lo hace. Ningún caso de enfermedad de cualquier modo, eso es una bendición. Equipo escaso, pero bien balanceado. El corazón? No hay quejas. De nuevo sigue, suficiente para seguir marchando. Y ver como ahora de nuevo, aún avanza un poco, en vez de virar a la izquierda al final vira a la derecha de nuevo. Y de ese momento en adelante, en vez de virar a la derecha aún de nuevo, como lo esperaba, al final él vira a la izquierda. Luego por un tiempo sus zigzags continuaban sus movimientos, desviándose alternadamente de derecha a izquierda, es decir apoyándose hacia adelante en línea recta más o menos, pero nunca en línea recta como cuando él se coloco para continuar, o mejor como cuando él de repente se dio cuenta que estaba en marcha, o tal vez quizás era todo lo mismo. Pues si hay largos períodos cuando la derecha predomina, hay otros períodos cuando la izquierda prevalece. Esto importa poco de cualquier forma, mientras que el siga su rumbo. Pero mira como ahora un poco más adelante el piso se cae tanto que tiene que echarse hacia atrás violentamente para no caer. ¿Dónde está luego la vida que lo espera, en relación con su punto de partida, o mejor en el punto donde de repente se dio cuenta que había empezado, arriba o abajo? ¿O se cancelarán al final, las pequeñas colinas donde se sube y las estepas? De cualquier modo esto importa poco, siempre y cuando él esté en el camino correcto, y ese él es, porque no hay otros, a menos que él les haya dejado deslizar sin darse cuenta, uno luego del otro. Paredes y piso, y no de piedra, no son menos duras, al tacto, y a la humedad. Las primeras, ciertos días se detiene a lamerlas. La fauna, si es que los hay, están en silencio. Los únicos sonidos, aparte de esos del cuerpo en su camino, son de caída, una gran gota cayendo desde una gran altura y estallando, una masa sólida que deja su lugar y choca, partículas más ligeras colapsan lentamente. Luego el eco es escuchado, tan fuerte al principio como el sonido que lo levantó y repetido en algunas veces en una buena cantidad de ocasiones, cada vez más débil, no, algunas veces más fuerte que la vez anterior, hasta que finalmente muere. Después el silencio de nuevo, interrumpido solo por el sonido, intrincado y tenue, del cuerpo en marcha. Pero tales sonidos de caídas no son comunes y mayormente el silencio reina, interrumpido solo por los sonidos del cuerpo en marcha, de los pies descalzos en el piso mojado, de la respiración dificultosa, de el cuerpo chocando contra las paredes o apretando a través de los estrechos, de la ropa, camisilla y pantalones, desposando y resistiendo los movimientos del cuerpo, llegando despegándose de la carne húmeda y pegándose a está de nuevo, rasgando y golpeando donde ya estaba hecho añicos por torbellinos repentinos quietos de repente, y finalmente de las manos como ahora y luego ellas pasan, adelante y atrás, sobre todas las partes del cuerpo que pueden alcanzar sin fatigarse. Él no cae aún. El aire está fétido. Algunas veces él se detiene y se apoya en una pared, sus pies cuñados el uno con el otro. Ahora tiene un número de memorias, de la memoria del día que él de repente supo que estaba allí, en este mismo camino aún lo soportado a lo largo, a eso ahora de haberse parado a apoyarse contra la pared, el tiene un poco de pasado ya, incluso una noción de caminos estables. Pero todo aún es frágil. Y a menudo se sorprende a sí mismo, tanto moviéndose como descansando, pero más a menudo moviéndose, porque él raramente viene a descansar, tan falto de historia como en aquél primer día, en el mismo camino, que es su comienzo, en días del gran recuerdo. Pero usualmente ahora, la sorpresa una vez pasó, la memoria retorna y lo toma de nuevo, si él desea, muy atrás hasta ese primer momento detrás de lo cual no hay nada, cuando ya era viejo, o mejor cercano a la muerte, y supo, a pesar de no ser capaz de recordar haber vivido, lo que la muerte y la edad son, con otras cuestiones momentáneas. Pero todo aún es frágil. Y usualmente él de repente empieza, en esos recovecos oscuros, y da sus primeros pasos por unos momentos antes de darse cuenta que son meramente el último, o los últimos. El aire es tan fétido que sólo él pareciera adaptado para sobrevivirlo quien nunca respiró el otro, aquél aire el verdadero dador de la vida, o quizás mucho tiempo atrás que suma nada. Y tal aire verdadero, llegando fuerte en eso de acá, seria posiblemente muy fatal, luego de unas bocanadas profundas. Pero el cambio de uno al otro sin duda será gentil, cuando llegue el momento, gradualmente, como el hombre se acerca cada vez más cerca y más cerca a lo abierto. Y tal vez incluso ahora el aire es menos fétido que cuando él empezó, después cuando el de repente se dio cuenta que había empezado. De cualquier modo poco a poco su historia toma forma, si aún no exactamente sus buenos y malos días, al final dotado con ocasiones pasando correctamente e incorrectamente algunos van a sobresalir, tales como el más estrecho de los estrechos, la caída más estrepitosa, el colapso más lento, el descenso más empinado, el mayor número de giros sucesivos de la misma manera, la mayor fatiga, el descanso más largo, el silencio más largo- aparte del sonido del cuerpo en su marcha-. Oh si, y el tacto más gratificante de las manos, por un lado, los pies, por el otro, sobre todas esas partes del cuerpo a su alcance. Y la más dulce lamida de pared. En una palabra todas las cumbres. Luego otras cumbres, apenas menos elevadas, tales como un choque tan fuerte que éste rivalizo con el más rudo de todos. Luego otros nada, apenas escasamente eminentes, una lamida de pared tan dulce como para competir con la segunda más dulce. Luego poco o nada de nota aún la mínima, éstas dos inolvidables, en días del gran recuerdo, uno sonido de caída muda por la distancia, o por cuestión de peso, o por falta de espacio entre el despegue y la llegada, que era tal vez su gusto. O de nuevo, segundo ejemplo, no, no un buen ejemplo. Otras marcas de tierra están aún proporcionadas por los primeros tiempos, e incluso segundo. Así el primer estrecho, por ejemplo, sin duda porque él no lo estaba esperando, impresionándolo un poco tan fuertemente como el más estrecho, justo como el segundo colapso, no hay duda porque él lo estaba esperando, no fue menos que el más corto para nunca ser olvidado. De esta manera una cosa y otra de a poco a poco su historia toma forma, e incluso cambios de forma, como nuevos máximos y mínimos pretende proyectar dentro de la sombra, y a través del oblivion, esos momentariamente glorificados, y como frescos elementos y motivos, tales como esos huesos de los cuales mucho más cortos, y de largo, en vista de su importancia, contribuyen a enriquecerlo.
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