
Nacido en Irlanda el 2 de febrero de 1882, en una familia empobrecida, James Joyce obtuvo becas para estudiar y graduarse en artes de la Universidad Real Católica de Dublín en 1902, especializado en inglés, francés e italiano. Antes de abandonar a Irlanda en 1904, Joyce compuso una colección de 36 poemas, "Chamber Music", había escrito unos cuantos capítulos para una novela "autobiográfica" y la mayoría de los cuentos publicados colectivamente como "Dubliners" en 1914. En 1916 fue publicada su primera novela, "A Portrait of the Artist as a Young Man", cuando ya estaba trabajando en su épica cómica "Ulysses", cuyos capítulos aparecieron en periódicos a medida que los escribía; se imprimieron juntos en 1922. De 1922 hasta 1939, a veces incapacitado por una severa enfermedad de los ojos, Joyce trabajó en "Finnegans Wake", una segunda épica cómica y una obra maestra que comprometió al autor por el resto de su vida de escritor.
Desde su salida de Irlanda Joyce vivió en Trieste, Zurich y París; murió en Zurich en 1941, a la edad de 58 años. Esta "vida europea" es una apta reflexión de su lugar en el movimiento artístico internacional del temprano siglo 20, un movimiento que alentó la idea de las artes europeas supranacionales. Muchos de los artistas involucrados estaban tan interesados en lo "estético" como en el aspecto social de la cultura, y los profesores (escritores) involucrados, Joyce incluido, tienen una reconocida reputación de experimentación artística, que puede ser calificada superficialmente como destructora de las tradiciones.
Los experimentadores literarios pueden ser de dos tipos: impetuosos o esmerados: Joyce era de estos últimos. Trabajaba con precisión artesanal sobre cada una de sus obras. Joyce no produjo sus novelas a intervalos regulares. Se tomó 10 años para escribir "A Portrait of the Artist as a Young Man", 7 para escribir "Ulysses" y 17 para "Finnegans Wake".
Desde un comienzo Joyce se encontró en el medio de aquellas controversias que han sido características del arte experimental o avant-garde del siglo 20. Al principio se pensó que sus escritos eran demasiado realistas, demasiado detallados y hasta sórdidos en la descripción de la vida ordinaria y "baja". Objeciones de este tipo impidieron que "Dubliners" se publicara sólo años después de haber sido terminada en 1906.
Joyce iba a ser controversial no sólo por su realismo sino que también por un tipo de escritura que es el opuesto polar del realismo y que adquiere los nombres de formalismo, simbolismo, impresionismo y modernismo. Su común denominador es un decidido énfasis en técnicas de presentación, diferenciada de temas. La acusación sin compasión o incomprensiva que se hace contra el formalismo de Joyce –o de Picasso en pintura o Schoenberg en música- es que la obra es de la cabeza en vez del corazón, es demasiado difícil, artificial y cerebral para que la mayoría de los lectores lo entiendan o disfruten. Los defensores niegan la acusación de falta de corazón y reclaman que sólo el arte difícil compromete la total atención de la gente que siente y piensa.
Joyce jamás se ubicó entre los dos movimientos mayores de la literatura moderna: realismo y simbolismo. La combinación de ellos es indudablemente una característica particular de sus escritos.
Hasta en "Dubliners", lo común, hasta la sordidez de ambiente y acción, está envuelto en un estilo de prosa altamente afectado, de ciertas maneras. Aquí, desde la primera historia de la colección, "The Sisters", el narrador describe su visita de muchacho a la "casa de duelo" donde yace en un ataúd un sacerdote muerto que había conocido.
"En la noche mi tía me llevó a visitar la casa de duelo. Fue después de la puesta de sol; pero las ventanas de vidrio de las casas que veían hacia el oeste reflejaban el atezado oro de un gran banco de nubes. Abuelita nos recibió en el vestíbulo; mi tía le estrechó las manos por todos. La vieja mujer apuntó hacia arriba interrogativamente y, tras el asentimiento de mi tía, procedió a subir con dificultad las angostas escaleras frente a nosotros, su cabeza inclinada escasamente por encima del nivel del pasamanos. En el primer descansillo se detuvo y nos hizo señas alentadoramente para seguir adelante hacia la puerta abierta de la habitación del muerto. Mi tía entró y la vieja mujer, viendo que yo vacilaba en entrar, comenzó otra vez a hacerme señas repetidamente con sus manos.
Entré de puntillas. La habitación a través del lado final del lazo de la cortina de tiro estaba bañada con oscura luz dorada entre lo cual las velas parecían pálidas llamas delgadas. Él estaba en el féretro. Abuelita dio el ejemplo y los tres nos arrodillamos al pie de la cama. Yo pretendí rezar pero no pude recoger mis pensamientos porque los murmullos de la vieja mujer me distraían. Noté cuán torpemente su falda estaba enganchada por la espalda y cómo los tacones de sus botas de tela estaban desgastados hacia un lado."
La falda torpemente enganchada y las botas de tela desgastadas apuntan en dirección al realismo, pero la experiencia también incluye el "atezado oro" y la "oscura luz dorada" de las nubes en la habitación. La casi romántica formalidad no está sólo en las palabras; también está en el ritmo. Nótese cómo las oraciones que incluyen estas frases fluyen más allá de donde podrían terminar. La prosa es cadenciosa. Quizás haya cierta condescendencia al moldear su prosa, una manera de aseverar que era mejor (más sutil, discriminador y sofisticado) que los escuálidos dublinenses sobre los cuales escribió.
Igualmente importante era la necesidad de llevar este material ordinario y crudo hacia la "belleza" por medio de una forma de expresión que satisficiera su sensibilidad estética. A veces veía estas dos dimensiones como contradictorias: cuando joven escribió ensayos sobre el conflicto de lo "realista" (o "clásico") y lo "romántico" (o "simbólico") en el arte.
Las lealtades divididas del joven Joyce son aparentes en su más temprana colección, "Epiphanies", que son muy cortas piezas en prosa –publicadas después de la muerte de Joyce-, y así nombradas después del descubrimiento del niño Cristo por los Magi, en el año Católico Romano de la Fiesta de la Epifanía. Algunas de las epifanías de Joyce aparecen diseñadas para captar personajes exponiéndose inconcientemente, mientras que otros son obvios intentos del escritor para componer un poema en prosa, generalmente por vía de la descripción natural. En el siguiente pasaje, el protagonista de Retrato del Artista "piensa" una de estas epifanías, musitando sobre un hombre del cual se dice que desciende de "un amor incestuoso":
"Los árboles del parque estaban pesados con lluvia y La lluvia aún caía quieta y siempre en el lago, tendido gris como un forro protector. Un grupo de cisnes voló ahí y el agua y la costa de abajo fueron ensuciadas con su légamo verdiblanco. Se abrazaron suavemente impelidos por la lluviosa luz gris, los mojados árboles silentes, la coraza-testigo del lago, los cisnes. Se abrazaron sin alegría o pasión, su brazo alrededor del cuello de su hermana. Una capa de lana gris la envolvía oblicuamente desde el hombro hasta su cintura: y su hermosa cabeza estaba inclinada en voluntariosa vergüenza. Él tenía el cabello rojo-marrón y tiernas manos fuertes con pecas. Cara. No fue vista ninguna cara. La cara del hermano estaba doblada sobre la bella cabellera de ella con fragancia de lluvia. La acariciante mano fuerte con pecas en la mano de Davin."
En el contexto de la novela, esta epifanía se vuelve menos directa. Ahí el romanticismo aparece como parte de la personalidad del personaje que lo piensa. Un momento más tarde el personaje "desaprueba con ira ante su pensamiento", notando que con la inclusión de "Davin" (otro personaje) se ha alejado hacia un sueño-fantasía, hacia su subconsciente, apartándose de la correcta creación artística.
Joyce era un mimo natural, y sus obras explotan la mímica más y más progresivamente. En "Dubliners" a menudo frasea las cosas cuando habla como narrador en palabras que los personajes pudieran utilizar.
En el Retrato del Artista, la mímica se extendió aún más. Cuando Stephen Dedalus, el personaje principal, es un niño, la novela es escrita durante algunas páginas en habla de bebé. Cuando Stephen es un estudiante Joyce le permite a su propia prosa aproximarse a la de un estudiante: no completamente, pero la prosa de Joyce cubre un espectro con su comentario personal por un lado y Stephen y su discurso de muchacho contemporáneo por el otro; en el medio hay un terreno mezclado, parte Joyce, parte Stephen.
Así prosigue la novela, alternando su estilo para ajustarse a la edad del personaje principal. La mímica llevada tan lejos es a veces llamada "forma imitativa".
El interés de Joyce por la mímica en los estilos de discurso de sus personajes pasa también hacia un interés por sus estilos de pensamiento y su reproducción del curso de pensamiento de un personaje es la característica de sus escritos de la madurez, por los cuales sin duda es conocido (y a veces incomprendido). La técnica que desarrolló para este propósito es generalmente llamada "corriente de la conciencia". En el siguiente ejemplo de "Ulysses" podemos ver cómo el personaje piensa en estallidos de staccato, pero omite poner "puntuación" en su pensamiento cuando "recuerda" un hecho relevante.
"Buen suave tweed Ned Lambert tiene en ese traje. Teñido de morado. Yo tenía uno como ese cuando vivíamos en la calle Lombard oeste. Tipo muy acicalado fue una vez. Solía cambiarse tres trajes en un día. Debo buscar ese traje gris mío transformado por Mesías. Hola. Está teñido. Su esposa olvidó que no está casado o su casera debió haber escogido esos hilos por él."
El párrafo es un pequeño drama. ¡Ay, Ned Lambert ha caído de las anteriores y esplendorosas alturas de sastrería!
Estas "corrientes de la conciencia", que constituyen una gran porción de "Ulysses", no constituyen el todo de la novela ni son su única innovación literaria.
Toda la acción del presente de la larga novela que es "Ulysses" se lleva a efecto en 18 horas. "Ulysses" tiene una dedicación al detalle difícilmente igualada en la literatura mundial. Y tiene más trama en su un día que la que los escritores previos pensaron incluir como relevante para la acción. Además, la novela sigue de manera generalmente alternada a dos personajes en sus rutinas diarias en Dublín. Uno es el mismo Stephen Dedalus de Retrato del Artista, ahora con dos años más, pensando en abandonar el sitio donde se hospeda, dejando su trabajo como maestro y abandonando quizás a Irlanda para siempre. El otro personaje principal es un vendedor ambulante de publicidad llamado Leopold Bloom. Durante el día Bloom busca su trabajo de manera vaga, porque ha descubierto que su esposa ha convenido una asignación con otro hombre para esa misma tarde.
Entre las maneras por medio de las cuales Joyce organiza su novela sobre estos personajes "errantes", Dedalus y Bloom (quienes finalmente se encuentran durante la noche), uno es un método sorprendente, significado por el título del libro, "Ulises", el nombre romano para el héroe griego de la "Odisea" de Homero. En la novela de Joyce, Leopold Bloom se vuelve una especie de "Odiseo" (o Ulises), quien pasó 10 años tratando de regresar a casa después de la Guerra de Troya.
La relación primaria entre "Ulysses" y la "Odisea" es aparentemente irónica: la esposa de Bloom, Molly, a diferencia de la Penélope de Ulises, no está fielmente esperando su llegada, manteniendo a sus pretendientes a distancia; Stephen Dedalus, el Telémaco (hijo de Ulises) de la novela, está en búsqueda de un "padre" (habiendo abandonado a su verdadero padre, a su Iglesia y a su estado) y descubre no a un gran héroe sino al cornudo Bloom. Pero detrás de esta ironía puede haber alguna simpatía: quizás Bloom es un héroe después de todo, quizás Stephen lo vea.
Joyce en "Ulysses" crea un cierto número de eventos paralelos a los de la épica homérica. Pensó que cada capítulo pudiera tener un episodio paralelo en la "Odisea", aunque no publicó sus títulos de capítulos homéricos cuando "Ulysses" se imprimió. Parte de la diversión de leer esta novela cómica de Joyce viene de reconocer las alusiones e ironías homéricas de Joyce. Por ejemplo: la "Odisea" utiliza una vara afilada para atacar a Polifemo el gigante de un ojo: Bloom tiene sólo un puro que florece frente a un rabioso nacionaliosta irlandés que lo ataca en un bar.
No es sólo que cada uno de los 18 capítulos de "Ulysses" tiene alguna referencia a un episodio homérico, cada uno tenía anexado en la concepción de Joyce algún particular símbolo, color, arte (como medicina o derecho), hasta un particular órgano del cuerpo. Cada uno (después de la primera media docena) también fue escrito en un reconocible estilo diferente.
Las razones tras las alteraciones de estilo capítulo-a-capítulo pueden ser mejor descritas diciendo que el "Ulysses" de Joyce no es sólo la historia de Dedalus y Bloom, sino que es un espécimen del infinito número de maneras que su historia podría ser contada. El asunto de colores, órganos y artes es por otra parte remisniscencia del año litúrgico en el Misal Católico Romano, y en una manera semi-jocosa Joyce pensó de "Ulysses" (como la ha hecho mucha gente de las grandes épicas literarias de Homero y Virgilio) como un libro "sagrado", misteriosamente encarnando sabiduría oculta y hasta profecía.
Este último aspecto de la obra de Joyce se hace más prominente en sus escritos después de "Ulysses", entre 1922 y 1929. Esto se transformó en su libro "Finnegans Wake". Como la Biblia, el Korán, el Libro Egipcio de los Muertos, "Finnegans Wake" es sobre todo: un parábola histórica del universo desde su creación hasta su disolución, y en la concepción de Joyce, de vuelta otra vez a la creación, una y otra vez. Esta visión "cíclica" de la historia es cómica, a diferencia de la visión cristiana, que es un proceso de una sola vía hacia la salvación o maldición eterna. Nada en "Finnegans Wake" pasa sólo una vez. Todo y cada quien en la novela (y por lo tanto en la historia) ha sucedido antes, bajo diferentes nombres. Para mantener frente a nuestros ojos un sentido de esta ubicuidad y repetición de eventos y personal, Joyce dio con su más radical experimento literario, tan audaz que algunos nunca lo han perdonado. Joyce basó el lenguaje de "Finnegans Wake" en retruécanos, en juegos de palabras de muchos tipos, principalmente palabras "portmanteaux" y ecos rítmicos de otros contextos. "Finnegans Wake" está escrito en mucho con el equivalente verbal de doble exposiciones fotográficas. He aquí una descripción (muy resumida) no favorecedora del artista Shem, Joyce mismo –o quizás, mejor, del personaje Joyce en la historia- casi ciego, como llegó a ser Joyce en la vejez:
"Sea eso como pueda, pero para esa luz fantásmica del brillo de su gnaríz al deslizarse lucericiosamente a una pulgada de la peagina (él tocaría a sus de un tiempo a otro, el ojo rojo de su temor en tristeplatoneza para ensignar los colores por el beerlitz en su materneza y sus educandos para sobrematizarse: ¡gemaer! ¡tintaware! ¡cochambre!¡cincero! ¡zinnzabar! ¡tinctura y gin!) Nilos nunca hubiera escanillado un hijotillo a piel de oveja. Por eso rosadas ridiculizaciones efluvias quemando y con la ayuda de chorros simulcrónicos de su calde (¡una guinea por quirk a que llega allá!) él scrabbled and scratched and scriobbled y skrevened innombrables faltas de vergüenza sobre todos que siempre conoció, hasta compartiendo una precipitación bajo el ocioso paraguas del tarrier de pared a prueba de dcuhas, mientras que por todo arriba y abajo los cuatro márgenes de la cosa de este rancio Shem oledordemales (que era devoto de Uldfador Sardanapalus) solían granear de sí mismo sin fin retratos inartísticos..."
El narrador de esta diatriba sólo ve el realista y crítico lado de un Joyce: su Joyce escribe por un brillo de su nariz roja alcoholizada, una luz "lucerifericiosa", para sugerir que su don es satánico en origen. Las "beerligts" (Joyce fue profesor de lenguas en Beerlitz por años) en su matemáticamente loco cerebro le dan color a sus obras. La acusación es la misma que un amigo estudiante le hizo muchos años antes, que él "Scratched" (razguñó) innombrables faltas de vergüenza sobre todos que siempre conoció". (Nótese la confusión del narrador: unas cuantas cláusulas después afirma que Joyce sólo solía granear retratos inartísticos sin fin de sí mismo.)
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