
La ciudad aúna a los hombres. En la ciudad miramos y somos mirados. Nos exponemos a los otros. No hay posibilidad de evitarlo. Los otros se nos presentan como símbolos. Ante nuestros ojos vemos pasar seres humanos que trabajan, estudian, aman, odian y miran, como nosotros. La mayor parte de las ocasiones no nos detenemos a pensar en esto. Lo tomamos como parte de la realidad, una circunstancia más del devenir. Algunas veces, la mirada del otro nos atrapa y nos lleva a querer descifrar ese símbolo, adentrarnos en el misterio de la personalidad humana. Vencer la barrera del aislamiento, ese mecanismo de defensa que tanto se suele utilizar, es todo un desafío.
Charles Baudelaire, uno de los denominados poetas malditos, relata un poderoso encuentro en Los ojos de los pobres, poema publicado en "El Spleen de París o Pequeños poemas en prosa"(1869).
Baudelaire, allá por los años 1860, escribió una poesía cuyo título lo he utilizado en este escrito. En “Los ojos de los pobres”, él hablaba de una noche en que estaba sentado con su pareja en un lujoso bar parisino. Sin embargo, algo cambiaría para siempre con la presencia repentina de un hombre pobre, barbudo, un tanto sucio y desarreglado, tomado de la mano con sus dos hijos pequeños. Los tres miraban todo aquello muy admirados con tantas luces y tanta opulencia presente en las mesas.
El célebre poeta complementa, afirmando que realmente había cambiado algo para siempre entre él y su amada. Mientras él se sentía enternecido con la escena y avergonzado con “tanta botella y vasos para tan poca sed”, su pareja le rogaba que sacaran de allí aquella “gente insoportable”.
Bien, curiosamente, se pasaran los años y cuántas decepciones similares hemos visto acá mismo, en Venezuela en los últimos años. El grito revolucionario alardea por el mundo y ya los poetas somos todos. Ciertamente es justo en el obligatorio período de transición que hemos estado viviendo que, a veces, surgen sorpresas, descubiertas tardías que trae, como consecuencia, parejas decepcionadas, los unos con los otros. Escuálidos y revolucionarios se miran de reojo, unos enternecidos y otros enojados frente a una determinada situación.
Personas que un día se amaran, rompen el encanto, se desilusionan y hasta se separan. Amistades y fidelidades también son puestas a prueba. Las nuevas circunstancias están por doquier. Motivos para uno irse o quedarse no faltan. Hay unos más fuertes que otros, pero hay los que despiertan más desengaños, más tristeza, o más desconfianza.
La decepción amorosa que expresó Baudelaire está presente hoy mismo en muchos bares criollos. La fidelidad ideológica sigue los mismos pasos en una transición que es difícil para todos. Nos falta por ver desencuentros, pero también nos faltan muchas sorpresas y talanqueras brincadas.Por donde miremos, todas las instituciones y todos que vivimos acá nos insertamos ahí. El comportamiento humano, el carácter verdaderamente revolucionario, el deplorable traicionero, el que está mal formado ideológicamente, el que sólo se guía por lo que dice Globovisión y tantas y tantas aristas de este polígono aun indescifrable del hombre de hoy que aun busca el hombre del mañana, el hombre nuevo.
Entre los muchos y variados problemas que nos alcanzan de una u otra forma, hay uno en especial que debemos poner la máxima atención ya mismo: la oposición y sus ínfulas metidas de lleno en la Asamblea Nacional a partir de enero próximo.
Si quisiéramos actuar firmemente y con inteligencia, ya deberíamos haber constituido una sala situacional para estudiar, analizar y planificar los actos, las locuras y las arremetidas sucias y traicioneras que la oposición sin dudas ya tiene preparados. Y si no, hagámoslo ahorita mismo.
Así y sólo así, podremos prever, controlar y por lo menos aminorar los impactos que pudieran causar dichas arremetidas opositoras. Segurísimo ellos ya tienen planificado y muy bien todo eso. En leyes habilitantes y leyes orgánicas, por ejemplo, mejor olvidarlas.
3. Baudelaire: El modernismo en la calle
Según Baudelaire, “modernidad” es lo efímero, lo contingente, la mitad del arte cuya otra mitad es eterna e inmutable. Esta definición recoge las diferentes visiones de modernidad que la obra de Baudelaire contiene: entre la modernolatría y la desesperación cultural, Baudelaire finalmente llega a moldear una perspectiva más profunda que lucha con sus propias contradicciones. Su poesía, rescatará la nueva fuerza nacida de los bulevares que es el tráfico moderno. El bulevar es un símbolo perfecto de las contradicciones internas del capitalismo: la racionalidad de cada una de las unidades capitalistas individuales conduce a la irracionalidad anárquica del sistema social que reúne todas estas unidades. La vida urbana moderna impone restricciones pero al hacerlo otorga libertades. De este modo, un hombre que sabe moverse por el tráfico puede ir a cualquier parte. Aún así, el desarrollo de la ciudad atacó este caos y el urbanismo moderno se convirtió en sinónimo de un orden mecánico, reductivo y superficial. Para Berman, esto sugiere que el modernismo tiene sus propias contradicciones internas y su dialéctica; y que algunas formas del pensamiento y la visión modernistas se pueden volver dogmáticas y arcaicas, mientras que otras pueden quedar sumergidas por generaciones sin ser reemplazadas.
Charles Baudelaire, uno de los denominados poetas malditos, relata un poderoso encuentro en Los ojos de los pobres, poema publicado en "El Spleen de París o Pequeños poemas en prosa"(1869).
Baudelaire, allá por los años 1860, escribió una poesía cuyo título lo he utilizado en este escrito. En “Los ojos de los pobres”, él hablaba de una noche en que estaba sentado con su pareja en un lujoso bar parisino. Sin embargo, algo cambiaría para siempre con la presencia repentina de un hombre pobre, barbudo, un tanto sucio y desarreglado, tomado de la mano con sus dos hijos pequeños. Los tres miraban todo aquello muy admirados con tantas luces y tanta opulencia presente en las mesas.
El célebre poeta complementa, afirmando que realmente había cambiado algo para siempre entre él y su amada. Mientras él se sentía enternecido con la escena y avergonzado con “tanta botella y vasos para tan poca sed”, su pareja le rogaba que sacaran de allí aquella “gente insoportable”.
Bien, curiosamente, se pasaran los años y cuántas decepciones similares hemos visto acá mismo, en Venezuela en los últimos años. El grito revolucionario alardea por el mundo y ya los poetas somos todos. Ciertamente es justo en el obligatorio período de transición que hemos estado viviendo que, a veces, surgen sorpresas, descubiertas tardías que trae, como consecuencia, parejas decepcionadas, los unos con los otros. Escuálidos y revolucionarios se miran de reojo, unos enternecidos y otros enojados frente a una determinada situación.
Personas que un día se amaran, rompen el encanto, se desilusionan y hasta se separan. Amistades y fidelidades también son puestas a prueba. Las nuevas circunstancias están por doquier. Motivos para uno irse o quedarse no faltan. Hay unos más fuertes que otros, pero hay los que despiertan más desengaños, más tristeza, o más desconfianza.
La decepción amorosa que expresó Baudelaire está presente hoy mismo en muchos bares criollos. La fidelidad ideológica sigue los mismos pasos en una transición que es difícil para todos. Nos falta por ver desencuentros, pero también nos faltan muchas sorpresas y talanqueras brincadas.Por donde miremos, todas las instituciones y todos que vivimos acá nos insertamos ahí. El comportamiento humano, el carácter verdaderamente revolucionario, el deplorable traicionero, el que está mal formado ideológicamente, el que sólo se guía por lo que dice Globovisión y tantas y tantas aristas de este polígono aun indescifrable del hombre de hoy que aun busca el hombre del mañana, el hombre nuevo.
Entre los muchos y variados problemas que nos alcanzan de una u otra forma, hay uno en especial que debemos poner la máxima atención ya mismo: la oposición y sus ínfulas metidas de lleno en la Asamblea Nacional a partir de enero próximo.
Si quisiéramos actuar firmemente y con inteligencia, ya deberíamos haber constituido una sala situacional para estudiar, analizar y planificar los actos, las locuras y las arremetidas sucias y traicioneras que la oposición sin dudas ya tiene preparados. Y si no, hagámoslo ahorita mismo.
Así y sólo así, podremos prever, controlar y por lo menos aminorar los impactos que pudieran causar dichas arremetidas opositoras. Segurísimo ellos ya tienen planificado y muy bien todo eso. En leyes habilitantes y leyes orgánicas, por ejemplo, mejor olvidarlas.
3. Baudelaire: El modernismo en la calle
Según Baudelaire, “modernidad” es lo efímero, lo contingente, la mitad del arte cuya otra mitad es eterna e inmutable. Esta definición recoge las diferentes visiones de modernidad que la obra de Baudelaire contiene: entre la modernolatría y la desesperación cultural, Baudelaire finalmente llega a moldear una perspectiva más profunda que lucha con sus propias contradicciones. Su poesía, rescatará la nueva fuerza nacida de los bulevares que es el tráfico moderno. El bulevar es un símbolo perfecto de las contradicciones internas del capitalismo: la racionalidad de cada una de las unidades capitalistas individuales conduce a la irracionalidad anárquica del sistema social que reúne todas estas unidades. La vida urbana moderna impone restricciones pero al hacerlo otorga libertades. De este modo, un hombre que sabe moverse por el tráfico puede ir a cualquier parte. Aún así, el desarrollo de la ciudad atacó este caos y el urbanismo moderno se convirtió en sinónimo de un orden mecánico, reductivo y superficial. Para Berman, esto sugiere que el modernismo tiene sus propias contradicciones internas y su dialéctica; y que algunas formas del pensamiento y la visión modernistas se pueden volver dogmáticas y arcaicas, mientras que otras pueden quedar sumergidas por generaciones sin ser reemplazadas.
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